Aprendiendo a crecer juntos

por | Nov 21, 2017 |

¡Bienvenidas de nuevo a este espacio, familias!

Ya podéis leer en el apartado privado de la Web de “Escuelas de familias” el Boletín mensual psicopedagógico en el que en noviembre se trata un tema apasionante como es el de dejar crecer a nuestras pequeñas y pequeños.

Sabemos que existe un complicado equilibrio entre la falta de límites y el exceso de los mismos que no siempre nos resulta sencillo encontrar y mantener porque ¡crecen tan rápido!

Hay un concepto sobre el desarrollo del cerebro de las personas menores de 3 años que queremos exponer y que quizá no se entiende por la sociedad de forma general. Nuestros cerebros son máquinas maravillosas que consumen muchísima energía, PERO son máquinas “vagas”. En las niñas y niños el mecanismo de no gastar si no es necesario está establecido de forma perfecta, por lo que el cerebro no pondrá en marcha ninguna acción que le requiera esfuerzo (ya sea emocional, física, psíquica o intelectual) si no entiende claramente el objetivo de ello.

Por este motivo si facilitamos a todo a nuestros peques, desde no acompañarles en el suelo porque lloran, acercarles los juguetes porque los desean o triturarles los purés para que no quede ni un grumo porque no les gustan, si no les dejamos trepar, investigar, esconderse, subir o bajar por miedo a que se hagan daño, o si no permitimos momentos de tristeza, enfado y frustración, estamos dificultando el acceso de sus cerebros a los pequeños grandes retos diarios que les permitirán crecer y desarrollarse adecuadamente.

Hay una leyenda preciosa disponible en las redes que habla de este tema. Esta leyenda dice así:

Un día un hombre encontró un capullo de mariposa y observó que en él había un pequeño orificio. Se sentó y se entretuvo en observar mientras la mariposa luchaba durante varias horas para forzar su cuerpo tratando de pasar a través de agujero. Pasó un largo rato observando los esfuerzos de la mariposa por salir al exterior, pero parecía que no hacía ningún progreso, como si hubiera llegado a un punto donde no podía continuar.

Apiadado, el hombre decidió ayudar a la mariposa, tomó las tijeras y cortó el resto del capullo. La mariposa salió fácilmente, pero tenía el cuerpo hinchado y las alas pequeñas y arrugadas.El hombre continuó mirando porque esperada que en cualquier momento las alas se extenderían para poder soportar el cuerpo que, a su vez, debería deshincharse. Pero nada de esto ocurrió. Por el contrario, la mariposa pasó el resto de su vida con el cuerpo hinchado y una alas encogidas… ¡nunca pudo volar!

Intentemos reflexionar sobre nuestras prácticas diarias con nuestros hijos e hijas pensando qué es lo que necesitan en ese momento, si decirles que no o permitirles el sí responde a un reto que no podemos asumir como personas adultas, a un miedo interiorizado o a una demanda del niño/a que no debe ser cumplida para preservar su salud o integridad.

Dejándolos crecer los ayudamos a crecer y aprendemos a confiar en ellas y ellos, cuestión fundamental para asentar las bases de una relación familiar amorosa, comprensiva y favorecedora del desarrollo natural y espontáneo.

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